La digitalización de nuestras experiencias y cómo nos relacionamos con el conocimiento
afecta a la
escuela y a la identidad del docente, a cómo se negocia, construye y transforma,
en función de un
contexto donde nos situamos, unas relaciones que activamos y
renovamos y unas expectativas de lo que
queremos ser o no ser. Esta revolución
tecnológica y social en la que nos
hallamos inmersos (espacios virtuales, robots,
inteligencia
artificial, pantallas, dispositivos digitales) ha modificado la conciencia sobre
nuestra identidad, aceptando su liquidez, su multiplicidad, su diversidad cultural y
variabilidad
contextual.
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